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viernes, 22 de febrero de 2013

Capítulo 4



-¿Qué dices?-El balón cae en la arena.
-Que sí, Andrés, hay una chica tirada en la arena. Parece que está muerta, está muy pálida.-dice Raúl, que acaba de llegar de dar un voltio por la playa.
-¿Estás seguro?-mete la toalla, camiseta y balón en la bolsa. No da crédito a lo que le está diciendo su amigo.
-Segurísimo, ven, por favor. ¡No podemos dejarla ahí!-dice asustado- Tarde o temprano subirá la marea y entonces, no creo que haya mucha posibilidad.
Andrés observa sus ojos, están aguados, sus pupilas están ligeramente dilatas. No cree que esté mintiendo pero si es verdad que aquella chica está muerta ¿cómo denunciarán el caso a la policía sin que sospechen de que ellos han tenido algo que ver? No importa, ya se las apañarán como les sea posible si llega el momento de hacerlo.
-Vamos entonces-empieza a correr detrás de su amigo, al cual se le ha quedado el camino grabado a fuego. No se ha llevado un susto mayor antes.
A pocos metros yace el cuerpo de una muchacha, pelo negro, tez blanca y labios rojos- Parece Blanca Nieves-Piensa Andrés, que no cabe en su asombro. Sin duda es preciosa. Se queda embelesado durante unos segundos. La chica no se mueve, apenas parece respirar-Si respira-Se sienta a su lado.
-Oye, chica, chica.-Empieza a decir en un tono de voz bajo- Despierta, despierta.- va subiendo el volumen de su voz.- ¡Por favor, despierta!-agita el cuerpo de la muchacha, empapado aunque la marea no ha subido lo suficiente.
-Creo que ha tragado agua-se adelanta a decir Raúl, presenciando la escena.
-¿Qué hago?
-Maniobra de primeros auxilios, el boca a boca, si no se puede ahogar.-dice Raúl con un tono de voz suave, pero que muestra su preocupación a la misma vez.
Andrés traga saliva, suspira. Une sus cálidos labios con los de la chica, que están morados y fríos como un témpano de hielo. Debe de llevar allí más de dos horas, tirada y sola. Empieza a introducir en el cuerpo de la chica aire, para que respire y que salga toda el agua que debe haber tragado. Luego presiona la parte superior del pecho, debajo de la clavícula, varias veces. Después vuelve a repetir la acción.
-¿Reacciona?-se acerca Raúl.
-No lo sé-responde, hace movimientos con las manos ante los ojos de la muchacha, que siguen cerrados.
-Esto es demasiado, no me gusta ver a gente muerta. Y menos a una chica tan preciosa, ¿qué edad puede tener?
-Mmm…-duda- unos dieciséis. ¡Tenemos que avisar a un médico! En seguida.
-Quédate tú con la chica, yo voy a la caseta de los socorristas.
-¡Rápido!
Raúl echa a correr ante los ojos de su amigo, que ha preferido quedarse custodiando el cuerpo de aquella chica. ¿Qué le habrá pasado para estar aquí tirada? ¿Alguien sabrá dónde está? ¿Qué hay de su familia? ¿Se habrá peleado con alguien? Son muchas las dudas que dan vueltas en la cabeza del chico, que hay una que le causa real curiosidad: ¿Habrá alguien que ocupe su corazón en ese preciso instante? No sabe lo que le pasa, ¡ni siquiera ha hablado una sola vez con ella! Ni siquiera sabe su nombre, y su edad tan solo la supone, pero nada más verla un sentimiento ha invadido su corazón, simplemente es algo extraño y que no ha sentido nunca.- ¿Será esto un flechazo y en cuanto abra los ojos me dejará de atraer? Porque solo me atrae… ¿no?-No lo sabe, pero al verla ha sentido de todo en un solo segundo. Como si el mundo se hubiese detenido solo por ella.
-¿Dónde estoy?-dice despacio la chica, con un hilo de voz. Se incorpora un poco empieza a  toser.
-¡Te has despertado! No me lo puedo creer, te creíamos muerta.-dice con júbilo, levantándose de un salto.
-Y tú eres…-Levanta la mirada, está confusa. Vuelve a toser, le duele mucho la garganta y ¡está empapada!
-Yo soy Andrés- Sonríe enseñando todos sus dientes, de oreja a oreja- En serio, esto es increíble, te has despertado.
-¿Despertado de qué? ¿Cuánto tiempo llevo aquí?-carraspea.
-No lo sé exactamente, más de dos horas seguro. Mi amigo Raúl te encontró tirada aquí, decía que estabas muy pálida. Le acompañé. Tu estado era lamentable, estabas casi transparente y habías tragado mucha agua. No sabíamos si lo contarías.-se vuelve a sentar.
-Ah…-está sorprendida de que aquel chico, Andrés, sin conocerla de nada haya estado intentando que despertara. Han sido muy valientes, sobre todo él, ya que por lo que le ha contado el tal Raúl acudió a él para que viniera a ayudarle. No parece que haya estado muy presente.-Gracias, has sido muy valiente.
-Bueno, Raúl también.-Enrojece.
-Pues yo no lo veo por ningún sitio…
-Bueno él ha ido a llamar a los socorristas-se gira- Mira, allí está.
A lo lejos se ve a Raúl acompañado de un socorrista, bastante musculoso, vienen a toda prisa y llevan una especie de botiquín más grande de lo habitual. Andrés saluda a lo lejos, ellos se percatan de la señal y acuden con una sonrisa.
-¿Cuándo se ha despertado?-pregunta Raúl estupefacto.
-Hace solo unos minutos, estabas tardando tanto que pensaba que no ibas a llegar nunca. Menos mal que ha recuperado las conciencia.
Se giran, el socorrista se ha sentado al lado de la chica y le está haciendo unas preguntas.
-¿Te dan desmayos normalmente?
-No, nunca me ha dado ninguno que yo recuerde…
-¿Entonces?-abre el botiquín mientras le examina las magulladuras de las rodillas.
-Estaba cansada y decidí tumbarme un rato en la arena.
-¿En pleno Enero?
-Sí, llevaba puesta la sudadera. Se ve que el sueño me venció y me he quedado tirada aquí un buen rato.
-No, si se nota.  Menos mal que te han encontrado estos chicos. Por poco te ahogas. No debes de hacer estas cosas.-le pone un vendaje en la pierna.
-¿Por qué me vendas la pierna? Que yo sepa no me he caído.
-¿No te escuece?
Niega con la cabeza-¿Me debería de escocer?
-Pues a cualquier persona normal le picaría mucho. Con la subida de la marea tu pantalón se ha mojado, también está rajado y tienes algunos rasguños en las piernas, por las conchas.
-Pues a mí no me duele…-observa el vendaje.
-Me alegro-se levanta.
-¿Y ahora qué hago?
-Creo que tendrías que irte a tu casa-le tiende la mano para que se levante-¿Está muy lejos?
-No demasiado-miente. Se sacude la arena de su ropa mojada.
-Entonces no tengo nada más que decir. Adiós, no duermas más la siesta en la playa ¿eh?
-A sus órdenes-contesta divertida. Se ha agarrado a una roca, tiene los huesos entumecidos y le cuesta andar. Andrés se acerca a ella.
-¿Qué te pasa?
-Creo…creo que se me han quedado dormidas las piernas, por el frío supongo. No puedo moverlas.
-A ver-obliga a la muchacha a que se apoye en sus hombros- Intenta caminar ahora.
-Que va-lo vuelve a intentar- no las siento.
-¿Y cómo vas a volver a casa?-pregunta Raúl que está detrás de ellos con las dos maletas.
-Supongo que llamaré a mi tía, a ver si me puede recoger o algo.
-No, ¡no te podemos dejar así!-dice Andrés, mirando a su amigo.
-Pues yo me tengo que ir ya…-comienza a andar, se despide con la mano a lo lejos.
-De verdad que no importa. Dentro de un rato podré moverme.-se sienta en otra roca que está un poco más baja e intenta mover las piernas de nuevo, solo siente un desagradable hormigueo.
-Yo me quedo contigo.-Se adelanta a decir Andrés.
-No hace falta.
-Sí, si que la hace.
Andrés contempla el rostro de la chica, tiene unos ojos preciosos, son dorados y grises a la misma vez, una mezcla preciosa. Su cara es perfecta, por lo menos para él, ahora mismo está excesivamente pálida pero él está seguro de que su color natural no es tan traslúcido. Y su pelo, negro, brillante.- Pues si que parece Blanca Nieves- Y su sonrisa, es lo mejor de todo.
-Si insistes, Andrés-sonríe.
¡Su nombre! Ni lo sabe, es un despistado-Por cierto, ¿cómo te llamas?
-¿No es demasiado pronto? Solo me has salvado de una muerte casi segura-ríe- Me llamo Valeria.
-Encantando-le coge la mano y se la besa.
-¿Sueles ser tan caballeroso con todas las chicas que te encuentras?-sonríe.
-No, solo contigo.
Los dos sonríen, Valeria se ha quedado embelesada con Andrés, es tan…tan ¡perfecto! Su pelo rubio oscuro y rizado hace que su piel bronceada, en pleno mes de Enero, luzca como nada. Sus ojos son azules, sinceros, brillantes.
-En ese caso, gracias.-vuelve a sonreír.
-Por cierto, ¡estás empapada! ¿No tienes frío?
-No, para nada.
-¿En serio? Te admiro.
-¿Y eso?
-Tienes unos cortes que te recorren casi toda la pierna y ni siquiera te escuecen. Estás completamente mojada y sin embargo no sientes frío. Increíble.-se rasca la cabeza-Eres una chica dura.
 -Y tú eres mi héroe.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ole la marta artamuz como escribe

Alba dijo...

Me encanta tu novela marta,esta chulisima :)

Victor dijo...

Muy buena novela, me e leio los 4 capitulos y se me han hecho un poco cortos, engancha desde el principio, el proximo cuando ¿el viernes?, o ¿el lunes? sigue así =D, me ha gustao tela

Anónimo dijo...

Martaaa, la novela esta tela tela tela tela tela telaaa de chulaaa, escribes perfeee perfeee perfeee perfeee perfeeee y te quiero muchoo muchooo muchooo muchooo muchoooo
un beso <3
Soy eleenaa