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lunes, 4 de marzo de 2013

Capítulo 7


7:45 AM- Un Viernes de Enero

El Sol empezaba a mostrarse entre las nubes, al fondo, justo en la línea del horizonte. Alegraba mucho aquella mañana en la que Valeria empezaba en un sitio nuevo, a decir verdad está un poco nerviosa, aunque debe de controlar su actitud. Supone que se habrá corrido la voz de que la expulsaron de su anterior centro, puede que más de uno le mire con malos ojos, sobre todo los profesores, la van a tener más que fichada. En la maleta lleva algunos cuadernos nuevos que tenía sin usar-Total, gran cosa no he hecho en el instituto últimamente- piensa, con el semblante un tanto serio.

En este instituto se exige uniforme y ella lo odia, es de tonos azules-El típico- Se lo pone y se hace una trenza sencilla en el pelo para variar. A penas se maquilla, espolvorea colonia alrededor de su cuello y la vuelve a dejar en su sitio. En el fondo está ilusionada, se esforzará en no suspender la mitad de las asignaturas-¡Me lo prometo!- Luego mira la hora en su móvil, son las 8:05 ¡Y entra a las y cuarto! Se acelera por momentos, se cuelga la pesada maleta de Roxy y se apresura a salir por la puerta. Cierra con llave.

Todavía el cielo no está completamente iluminado, tan solo unos rayos de luz avivan el color de las calles, de los coches, de aquella mañana tan rara. A pesar de que es tarde la gente anda por la calle tranquilamente, sin desesperarse, charlan y mandan mensajitos por el móvil, se cuentan todo lo sucedido el día anterior…¡hasta alguno va en bicicleta! Desde luego no les importa llegar tarde.

El instituto se encuentra al final de la calle, es un gran edificio de color amarillo apagado. Tiene unos ventanales en la parte central, como si fueran cristaleras, como las de las Iglesias- Espero que no halla capilla, sería el colmo- adornadas de todos los colores posibles. Arriba hay un pequeño torreón con un reloj bastante grande, parece inspirado en el “Big-Ben” de Londres. Ya le habían advertido de que era un centro bilingüe, pero no pensaba que la decoración también intentara influir de alguna manera, así como si fuera un atractivo turístico y no un edificio en el que se imparten clases. Iba a ser igual que cualquier otro, que a ella no le tomaran el pelo.

<<RIIIIIIIING>> toca el timbre que anuncia la entrada, muchos alumnos se apresuran a entrar pero ella prefiere ir a su ritmo y mentalizarse. Un escalón, otro, otro y otro más y dentro. Un hombre bajito con una barba bastante poblada cierra la puerta detrás de ella, así impide que los alumnos lleguen tarde, si no han pasado ya tendrán que esperar al intercambio de clases de la segunda hora.

-Hola-le saluda el hombre de la barba, que parece ser el conserje o algo por el estilo.

-Hola, ¿es usted el conserje por casualidad?-pregunta Valeria, para asegurarse.

-Sí, algo así.

-Ah, bueno pues ando un poco perdida porque hoy es mi primer día aquí y no sé en qué grupo estoy exactamente.-tímida.

-Ah, vale vale.- se mete en un despacho pequeñito, deja la puerta abierta. Está rebuscando en unas carpetas, saca un papel y se lo da en la mano. Sonríe.

-¿Y esto?

-Es la lista con todas las clases de la ESO de este centro, busca en tu curso tu nombre.-indica.

-Aquí-señala su nombre- Cuarto B.

-Vale-se mete en su despacho y le entrega otro papel- Este es el horario de Cuarto B, ahora mismo están en Lengua. Al lado viene el número del Aula.

-Gracias-sonríe y se va.

Anda rápidamente por los pasillos del instituto, sube una escalera que le lleva a la segunda planta. A penas son las 8:20 y muchas clases están ya “habitadas”, teme llegar demasiado tarde a la suya, pero no lo hace. Su aula se encuentra justamente al lado de una puerta de cristal, ya están entrando en la clase. Corre y se sienta en uno de los últimos asientos, donde nadie se percate tan rápidamente de que es nueva, seguro que ya se lo habían avisado y estaban impacientes por dispararle sus preguntas. Saca de su maleta un cuaderno y el estuche. Unos cuantos compañeros se han dado cuenta de que estaba allí, pero cuando se iban a acercar a saludar ha llegado el profesor, se ha sentado en su asiento y la clase ha enmudecido.

-Buenos días chicos.-saluda con entusiasmo.

-Buenos días Don Antonio.-con sus voces adormiladas.

-Vamos a empezar el segundo tema de los dos que entran en el siguiente examen, espero que estéis estudiando. Ahora sacad el libro-da un golpe fuerte en la mesa con el borrador- ¡Y despierten señores!

-Se me ha olvidado el libro -dice una chica de la primera fila.

-¿Otra vez? Ya van tres veces, ¡en una semana! No le da vergüenza. ¿Dónde tiene la cabeza Sara? Por esta vez lo dejaré pasar, con un negativo…-saca el típico cuaderno que tienen todos los profesores para anotar las faltas y las notas.

-¿Otro?

-Sí, otro, y cállese si no quiere uno más.

Sara hace un gesto con la boca, como si fuera una cremallera y se calla, por lo que pueda pasar. Valeria no tiene libro, pero el profesor le impone demasiado, le da un poco de corte hablar, pero al fin levanta la mano.

-Profesor-dice Valeria al fondo de la clase y con la mano alzada. Todos los que hay en el aula se giran para ver quién es la chica que está hablando, no les suena su voz.

-¿Si?-echa una ojeada a la chica por encima de sus gafas- ¿Quién eres tú?

-Valeria.

-Valeria…-mira en su cuadernillo el nombre, que no figura en la lista de la clase. Entonces cae en la cuenta de que es la chica que ha llegado nueva al centro- Tú eres la nueva ¿no?

-Exacto-se limita a decir.

-Pues entonces no te sientes tan alejada, ven-aproxima una silla y una mesa al asiento de uno de los alumnos, la pega. Da dos golpecitos indicando que se siente ahí.-Siéntate aquí delante, con uno de los mejores alumnos de la clase.

Todo el mundo se ríe, incluso el maestro que parecía ser bastante serio suelta una carcajada, el chaval pone los ojos en blanco. Aparta la maleta y la coloca en el otro lado, para que Valeria tenga sitio para acomodarse.

-Como habrá podido imaginar no es el que saca las mejores calificaciones, lo tengo delante para vigilarle.-se explica Don Antonio.

-Ah, estupendo, nos llevaremos bien.-sonríe y se sienta.

El profesor se dirige a su mesa, abre el cajón y le entrega un lote de libros sin estrenar. Valeria saca el de Lengua Castellana y Literatura, y lo abre por el tema indicado al principio de la clase.

-Me siento a tu lado y no nos presentan, ¿cómo te llamas?-le pregunta a susurros al chico.

-David.-no se muestra muy simpático.

-Ah, encantada.-aunque la actitud de David le ha parecido un tanto cortante no quiere imitar su forma de ser, por lo que le sonríe como si nada.

Pasan las tres primeras horas de clase, la verdad es que no le ha parecido tan difícil atender como en su antiguo instituto, que le costaba horrores-Tal vez estaba cargado de tantos recuerdos que explotaban como bombas cada vez que intentaba hacer algo de mi pasado, por estúpido que fuese-piensa. Incluso ha entablado conversación con algún que otro compañero de clase, que han resultado ser muy majos. Lo único malo del asunto es que en la única media hora que tenía para relacionarse con más gente está citada con el director en su despacho, para contarle que le parece el centro y que haga una evaluación de este, aunque no le ve sentido ¡Solo lleva tres horas en él y ya pretenden que les diga lo que le parece! Aunque no le queda otra más que obedecer, por lo que recoge sus cosas y sale al pasillo, comienza a andar por él pensando en sus cosas y <<¡Plaf!>>, se choca con una chica y las dos se caen al suelo.

-Lo siento-se disculpa la muchacha, que no va vestida de uniforme.

-No…no importa, lo recojo y ya-se incorpora y lo recoge rápidamente.

-Espera, tienes el jersey roto.

-¿Qué?-mira el jersey, que tiene una raja que lo recorre de arriba abajo.-Si solo me he caído, ¿con qué me habré enganchado?

-Suele pasar, por eso no lo hicieron obligatorio en el centro, la gente solo se lo pone cuando no tienen ganas de elegir la ropa, por eso la mayoría de los chicos lo llevan puesto.-sonríe- Ha sido culpa mía, creo que se ha enganchado con mi pendiente, luego te puedes pasar por mi casa y si te gusta alguno de los míos te lo puedo dar.

-No, no importa, de verdad. Me tapo con el abrigo y no se ve, ¿ves?-suelta una carcajada-pero lo de quedar, podemos quedar alguna vez, no estaría mal que fuera conociendo a alguien por aquí.

-Por supuesto, cuando quieras.-sonríe y se va.

-¡Espera! ¿Cómo te llamabas?

-Elena.

-Vale, yo soy Valeria-se aprietan la mano y se despiden definitivamente.

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